Dolor de Adductores en Fútbol

Si eres futbolista y tienes dolor en los aductores, probablemente lo estés normalizando. “Es una sobrecarga”, “ya se irá”, “puedo jugar con esto”. Y ese es el primer error. El dolor de aductor no suele aparecer de la nada, ni desaparecer solo si sigues haciendo lo mismo.

En fútbol, los aductores están sometidos a muchísima exigencia en acciones como chutar, dar pases tensos o cambiar de dirección. Son movimientos rápidos, potentes y repetidos. Si el músculo no está preparado para soportar esa carga, empieza el problema. Primero notas molestias, luego dolor más constante y, si sigues ignorándolo, puedes acabar en una rotura.

El mecanismo lesional suele ser claro: una acción explosiva donde el aductor tiene que frenar o generar fuerza de forma rápida, especialmente en rangos amplios de movimiento. Ahí es donde aparecen muchas roturas o lesiones más serias. Además de roturas musculares, también pueden haber tendinopatías, como la gran conocida: pubalgia

El error habitual es tratar el dolor como algo puntual y no como una señal de que algo no está funcionando bien. Parar unos días, darte masajes o bajar un poco la intensidad puede aliviar, pero no soluciona el problema de fondo. Y cuando vuelves a exigirle lo mismo al músculo, reaparece.

Recuperarte de verdad no es evitar el dolor, es preparar el aductor para las demandas del fútbol. Eso implica trabajar la fuerza, especialmente en posiciones largas, mejorar la capacidad de generar y absorber carga, y exponerte progresivamente a los gestos que te han lesionado: chutar, pasar, cambiar de dirección.

Puedes sentirte mejor en unos días, pero eso no significa que estés listo. Y ahí es donde muchos futbolistas se equivocan.

El dolor de aductor no es mala suerte. Es una señal de que tienes que cambiar algo. Y si no lo haces, el siguiente paso suele ser peor.

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